viernes, 15 de julio de 2011

Sabes, yo no tengo la culpa de ser el único sendero que se aleja del asfaltado camino que tienes trillado para seguir en tu vida. Ni de que no tengas valor para hacer frente a lo que otros dicen frente a tu propio deseo de comerme centímetro a centímetro, sin aliento, sin paciencia.
Que si era yo la que llegaba para descolocar tu vida y abrirme un hueco entre fórmulas matemáticas, canciones y compromisos familiares (lo habría hecho) habría sido divertido comprobar cómo te comportas fuera de lo que ya te han marcado, ya sabes, por ti mismo. Y me habría sentido orgullosa de haber sido yo la que te hiciera no ir a clase o a recoger a tu hermana para comerme a besos en cualquier parque lleno de niños, y después escaparme de mi casa para que me llevaras en tu coche a enseñarme tu mundo a la esquina que más rabia te diera, estando yo te iba a dar igual, el paisaje no lo ibas a ver.
Parece que todo se frena cuando llega cualquiera que puede llegar a ser lo que dicen por ahí que es bueno para ti, y te dejas conquistar como abandonado a lo que venga. A mi lado te habrías comido el mundo de ganas por buscar mi sonrisa, te habría enseñado como se ama con inocencia y valentía, habríamos volado juntos cada centímetro de este cielo tan azul que desde hace tiempo nos corona. Pero bueno, el miedo te ha ganado la partida. Una pena. Te desearía lo mejor, pero… mejor me lo quedo para mí. Tampoco me sobra la suerte, ¿sabes?

No hay comentarios:

Publicar un comentario